La Virgen Milagrosa

La Virgen se le mostró en un retrato de forma oval. Estaba sobre un globo terráqueo, con vestido blanco y manto azul. De sus manos salían rayos resplandecientes que caían sobre la tierra ....

Santa Catalina Labouré, llamada Zoe en familia, nació en Bretaña, Francia, el 1806. Sus padres eran agricultores. Cuando Zoe tenía nueve años murió su madre. Zoe tiene que ocuparse de las tareas de la casa. Zoe toma la decisión de hacerse religiosa, como su hermana mayor. Su padre se opone. La envía a París para que conozca mundo y cambie de idea. Por fin su padre consiente y entra en el noviciado de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Adopta el nombre de Catalina. Era muy cumplidora, pero sin cualidades extraordinarias ni virtudes llamativas. 

Y es a ella a quien la Virgen María se le aparece varias veces el 1830. Catalina había deseado con ansia que la Virgen se le comunicase. La primera aparición fue en el mes de julio. Catalina cuenta la aparición, con la intervención del Ángel de la Guarda.

La principal aparición fue el 27 DE NOVIEMBRE

La Virgen se le mostró en un retrato de forma oval. Estaba sobre un globo terráqueo, con vestido blanco y manto azul. De sus manos salían rayos resplandecientes que caían sobre la tierra. La Virgen dijo así a Catalina:

“ Soy la Inmaculada Concepción, vas a acuñar una medalla que va a ser resumen del mensaje de Jesús. En el envés, doce estrellas que recordarán a los doce apóstoles; una cruz, que es la señal del amor de Jesús a la humanidad – tanto os amó que dio su vida, tanto os ama que sigue con vosotros - . La “M” es el recuerdo de que por voluntad de Jesús, María fue madre de toda la humanidad; el corazón rodeado de espinas representa su propio corazón (el de María), su entrega total a Dios. Por la cara irá la imagen de la Madre Milagrosa rodeada de la plegaria: “Oh María sin pecado concebida ruega por nosotros que recurrimos a ti”. Los que la lleven puesta y recen devotamente esta súplica alcanzarán especial protección de la Virgen”. Y desapareció la visión.

La medalla se propagó muy rápidamente. Catalina se preocupó mucho de ello, pero con tanta discreción que se mantenía en secreto el nombre de la vidente. Ella solo hablaba con su confesor y seguía su vida normal.

Mientras tanto, Catalina sigue en la humildad y el anonimato. Atiende a los ancianos, trabaja en la cocina, en el gallinero, en la enfermería, en la portería. Sufre en silencio la falta de comprensión del nuevo confesor. Consigue que se levante el altar, con la estatua que perpetúe las apariciones, en la capilla donde había recibido las confidencias de la Virgen.

Catalina murió en Paris el 1876. Su cuerpo, que reposa en el altar de la Virgen del Globo, fue beatificada por Pío XI en 1923 y canonizada por Pío XII el año 1947.